(Sobre Arte Puente parte 2)
Eso es precisamente el narcisismo, la expresión gratuita, la primacía del acto de comunicación sobre la naturaleza de lo comunicado, la indiferencia por los contenidos, la reabsorción lúdica del sentido, la comunicación sin objetivo ni público, el emisor convertido en el prinicipal receptor…
La posibilidad y el deseo de expresarse sea cual fuere la naturaleza del “mensaje”, el derecho y el placer narcisista a expresarse para nada, para sí mismo. Comunicar por comunicar, expresarse sin otro objetivo que el mero expresar y ser grabado por un micropúblico, el narcisismo descubre aquí como en otras partes su convivencia con la desubstancialización posmoderna, con la lógica del vacío.
El hiperconsumo, parte fundamental que surge en la posmodernidad y se extiende hoy en todas las capas sociales, consiste en la obsesión por las novedades, lo superfluo y lo frívolo, el culto al desarrollo personal y una preocupación casi enfermiza por el bienestar (físico y mental). Todo es consumo y elección, desde las conductas asumidas por los individuos que generalmente están regidas por el espectáculo, hasta los sistemas de representación, objetos de consumo como cualquier otro y por lo tanto equiparables e intercambiables con un coche nuevo o unas vacaciones. El mundo del consumo está por doquier y modifica la manera de relacionarnos con los objetos y los sujetos. El arte está sujeto a esto y hoy en día se ve realizado o consumado sólo cuando se consume y entonces se recrea, se reconstruye y vuelve a ser consumido y se transforma una y otra vez, incluso cambiando su significado.
~ por artepuente en Febrero 15, 2008.
Escrito en arte, hipermodernidad, posmodernidad, teoria del arte
Etiquetas: hipermodernidad, Lipovetski, narcisismo, posmodernidad
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